El poncho que Soledad Pastorutti llevó al Monumental durante la despedida de Lionel Messi tiene una historia que comenzó 16 años antes, en Belén. Su diseño fue creado en 2010 por los artesanos Ramón Baigorría y Graciela Carrasco, integrantes de una familia dedicada al trabajo textil, para una colección vinculada con los festejos por el Bicentenario de la Patria.
Desde entonces, la pieza atravesó distintos momentos y recibió diferentes nombres. Primero fue conocido como el poncho del Bicentenario, luego quedó asociado a la Selección Argentina y comenzó a ser llamado “poncho de la Selección”, hasta consolidarse como Poncho Bandera.
En 2026, aquel diseño que nació para representar los colores de la bandera argentina volvió a quedar en el centro de una escena nacional. Soledad lo recibió como regalo durante la Fiesta Nacional e Internacional del Poncho y meses después lo llevó al Monumental para cantar en la despedida de Messi.
Un diseño que nació por el Bicentenario
La historia comenzó en 2010, cuando Baigorría y Carrasco fueron convocados para participar de una colección especial relacionada con los festejos por los 200 años de la Revolución de Mayo.
“Nos convocan a presentar una colección que se decidió en Plaza de Mayo, y ahí nos inspiramos en la bandera y salió ese poncho”, recordó Baigorría en diálogo con Catamarca a Diario de INFORAMA Radio.
La idea fue trasladar los elementos de la bandera argentina al lenguaje del telar. Así surgió una prenda con predominio de celestes y blanco y un sol como protagonista.
No se trataba solamente de reproducir los colores patrios. El diseño debía adaptarse a las posibilidades del tejido artesanal y conservar las características propias de un poncho elaborado en telar.
El resultado fue una pieza que, con el paso de los años, comenzó a adquirir una identidad propia y a ser reconocida más allá de Belén.
La familia detrás de Rua Chaky
El Poncho Bandera es parte del trabajo de Rua Chaky, el emprendimiento familiar de Baigorría y Carrasco que iniciaron en 1995.
El nombre Rua Chaky significa “hecho a mano” en quechua y resume una de las características centrales de la producción: las prendas se realizan mediante técnicas artesanales y el proceso se mantiene dentro de la familia.
Baigorría explicó que se trata de una tradición que atraviesa generaciones. En 2024 contó a INFORAMA que él y Carrasco pertenecen a la quinta generación de ambas familias vinculadas con el trabajo textil y que sus tres hijos también continúan participando de la actividad.
Esa continuidad familiar también se refleja en la forma de producción. No se trata de una pieza confeccionada a partir de un proceso industrial, sino de un trabajo que comienza con la materia prima y continúa con distintas etapas hasta llegar al tejido terminado.
Lana de oveja y tintes naturales
El Poncho Bandera se realiza con lana de oveja. El color también forma parte del trabajo artesanal y no es un elemento agregado al final de la confección.
Baigorría explicó que para conseguir el degradé de los azules utilizan añil, mientras que para obtener el amarillo del sol recurren a la piel de cebolla. El sol, además, es bordado a mano.
El proceso incluye el hilado, el teñido, el trabajo en el telar y las terminaciones. Cuando deben comenzar una pieza desde cero, los artesanos estiman que necesitan entre 15 y 20 días para terminarla.
La confección artesanal es, de esta manera, una parte central de la historia del diseño. El Poncho Bandera no se limita a una combinación de colores reconocible: también representa una forma de producción que Rua Chaky mantiene desde Belén.

A 16 años de su creación, Baigorría aseguró que la demanda por el Poncho Bandera nunca desapareció y que la familia continúa fabricándolo, aunque la producción es limitada porque se mantiene el carácter artesanal del trabajo.
El recorrido de la pieza explica por qué un diseño creado para una celebración patria terminó asociado con algunos de los nombres más reconocidos de la Argentina.
Fuente: Inforama

