Cada 1° de agosto, la ruda vuelve a ocupar un lugar como parte de una tradición popular asociada a la protección y a la buena salud. Se prepara en forma de infusión y, para muchas personas, tomarla es un ritual que se repite año tras año. El problema aparece cuando una costumbre cultural se confunde con una práctica inocua: que una planta sea natural no significa que sea segura para consumir.
La especie conocida como ruda común, Ruta graveolens, contiene numerosos compuestos químicos con actividad biológica. Entre ellos hay alcaloides, cumarinas y furanocumarinas. Una revisión científica publicada en 2024 identificó más de 200 compuestos en la planta y señaló que existen antecedentes de toxicidad, especialmente por fotosensibilidad y efectos adversos durante el embarazo.
Por eso, la pregunta más importante antes de preparar una taza no es solamente qué dice la tradición, sino quién la va a tomar, cuánto consume y qué síntomas pueden indicar una intoxicación.
El problema es la concentración de sus sustancias
Uno de los principales errores alrededor de la ruda es pensar que, por tratarse de una hierba utilizada durante generaciones, cualquier preparación es necesariamente segura. La evidencia científica muestra una situación bastante más compleja.
La Ruta graveolens contiene alcaloides y furanocumarinas, entre otros componentes. Algunas de estas sustancias han demostrado actividad tóxica y fotosensibilizante. Una investigación sobre los componentes de las hojas identificó, entre otros, furanocumarinas y el alcaloide graveolina.
Esto permite entender por qué la cantidad importa. Una planta que puede utilizarse tradicionalmente con fines culinarios, aromáticos o medicinales no debe ser considerada equivalente a una infusión común como el té o el mate cocido.
La toxicidad puede aparecer especialmente ante consumos elevados o preparaciones concentradas. Una revisión de casos de intoxicación por plantas utilizadas con fines abortivos describe alteraciones hepáticas, renales y hematológicas asociadas al consumo de ruda. En los cuadros más graves se registraron fallas de múltiples órganos, alteraciones de electrolitos e inestabilidad circulatoria.
Entre los síntomas que pueden aparecer después de una ingesta tóxica se encuentran náuseas, vómitos, dolor abdominal y malestar general. En cuadros severos pueden producirse alteraciones del hígado y los riñones, problemas cardiovasculares y trastornos neurológicos.
Por eso, si una persona toma una preparación de ruda y posteriormente presenta vómitos persistentes, dolor abdominal intenso, temblores, dificultad para respirar, desmayo, confusión u otro síntoma importante, no debería esperar a que el cuadro desaparezca por sí solo. Lo adecuado es buscar atención médica y comunicar que hubo consumo de ruda.
Otro riesgo menos conocido aparece incluso sin beberla
La planta puede provocar fotosensibilidad, es decir, una reacción exagerada de la piel frente a la radiación ultravioleta. La revisión científica sobre Ruta graveolens señala que la dermatitis fotosensible es uno de los efectos tóxicos descritos.
Esto significa que manipular la planta y luego exponerse al sol puede generar una reacción cutánea importante. La recomendación práctica es sencilla: evitar el contacto directo de la planta con la piel y lavarse bien las manos después de manipularla.
Embarazo, infancia y una confusión peligrosa que puede terminar en una intoxicación
Hay un grupo para el que la recomendación es particularmente clara: las personas embarazadas no deben consumir ruda con la intención de provocar una menstruación o interrumpir un embarazo.
La planta tiene antecedentes históricos como abortivo. Pero lejos de tratarse de un método casero controlable, su consumo puede producir intoxicaciones graves. Poison Control advierte que la Ruta graveolens se ha utilizado para intentar provocar abortos y que, en seres humanos, se han documentado cuadros que incluyen vómitos, daño hepático y anemia; en casos graves también se describieron temblores, dificultad respiratoria y muerte.
Una revisión de toxicidad de plantas utilizadas como abortivos también encontró una mayor frecuencia de alteraciones hepáticas, renales y hematológicas entre personas que consumieron ruda, sola o combinada con otras plantas, para intentar interrumpir un embarazo.
Por eso, la ruda no debe utilizarse como método para provocar un aborto. Si existe un embarazo no buscado o una persona necesita información sobre opciones de interrupción del embarazo, la alternativa segura es recurrir al sistema de salud y recibir asesoramiento profesional.
Los niños también constituyen un grupo en el que no conviene experimentar con infusiones medicinales caseras. Su menor tamaño corporal y las diferencias en el metabolismo pueden hacer que una cantidad determinada represente una exposición proporcionalmente mayor. Ante una posible ingesta accidental, no se debe esperar a que aparezcan síntomas para consultar.
También deberían extremar las precauciones las personas que toman medicamentos o tienen enfermedades previas. La evidencia disponible sobre las interacciones y la toxicidad de la ruda todavía es limitada, pero justamente esa falta de información impide establecer una cantidad casera universalmente segura. La revisión científica más reciente destaca que los estudios toxicológicos sobre la planta son todavía escasos.
Fuente: Catamarca Ya

